EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bién los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no.-En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina- se suele decir". JOAQUN VIDAL VIZCARRO: El Toreo es Grandeza.

jueves, septiembre 18, 2014

A LOS TOROS, UNO NO VA A DIVERTIRSE

Joselito el Gallo en Acho

 Antonio Bienvenida


Escribo estas líneas bajo la inspiración e influencia, de alguna forma, de Joaquín Vidal cuando en su crónica de la corrida del día 8 de febrero de 1999 de la feria de Valdemorillo decía: “Aquello de que a los toros hay que ir a divertirse es una falsedad. A los toros hay que ir dispuesto a sufrir; provisto de lupa para comprobar la casta y la fortaleza de las reses, la integridad de sus astas, el discurrir de la lidia, el mérito de los lidiadores, la calidad de los lances, el correcto estado de la cuestión”.

Yo aún con el respeto que me merece el maestro, en lo de ir a sufrir... pues no quiero llegar a tanto, aunque eso sí y como he dicho más arriba una corrida de toros no es una diversión. Pero, paradójicamente, hoy hay muchas corridas divertidas, apoteósicas algunas, diría yo. Y esto no ocurría ni se prodigaba tanto antes cuando las corridas de toros fueron algo grande, serio, tremendo, cuando el arte provocaba una experiencia estética traducida en goce y disfrute sensitivo. Hoy el que se divierte es el público mientras que el aficionado se aburre. El aficionado jamás se ha aburrido en los toros como hasta ahora cuando el tinglado en que se ha convertido la fiesta está dispuesto para que se divierta todo el mundo; el primero el torero. Se le nota cuando después de una tanda de muletazos, en su mayoría vulgares, se aleja de la cara del toro con “sonrisa profidén”, contoneo sensual de caderas, ostentación impúdica de genitales, y andares jacarandosos y sandungueros diciendo: ¡ahí queda eso! Y el público se divierte satisfecho y admirado cuando lo único que ha hecho ha sido alejarse veinte metros del animal, no sé por qué, para tener luego que volver mientras que agazapado en la tronera del burladero el peón de turno le grita: “¡amos a guhtarnos!” .Toreo de ida y vuelta. 
Y de paso el público se divierte. Y se divierte el torero cuando como uno que yo me sé (diría D. Joaquín) entre muletazo y mule- tazo se pone a cantar por no sé qué palo de flamenco. El toreo y el toro hechos diversión y mentira, no emoción ni miedo. Cuando estás delante de un toro bravo, encastado, que te quiere comer no un remedo de toro, te engorda la lengua, no te cabe en la boca, se te reseca la garganta y no la tienes precisamente para hacer gorgoritos ni quebrarse en un “quejío”.

Hoy el toro no presenta ningún problema a resolver y el torero se lleva a las plazas la faena hecha , comentada con apoderado y amigos de confianza y pensada en la siesta previa a la corrida. Algo tan importante como la imprevisión ha desaparecido y así también la gente lleva a las plazas la faena pensada, derechazos y más derechazos, algún que otro natural pocos, desde luego, el consabido de pecho de pitón a pitón, y por supuesto las manoletinas, ¡que no falten! Y con esto este público de aluvión y festivales sale de la plaza con la sensación de haberse divertido una barbaridad aunque de diez festejos, nueve los haya presidido la vulgaridad más absoluta, incluido el gesto del torero de poner la montera boca abajo si en el brindis al respetable ha caído hacia arriba, con el consiguiente ¡oohhh! de frustración y el posterior ¡bieennn! de felicitación.

Y al divertido espectáculo no puede faltar el ganadero. Cuando fabrica el toro, que no es lo mismo que criar, lo hace con la libreta en mano donde aparece la guía de todos los tópicos relativos al comportamiento de la res, tales como “romper hacia adelante en las telas”, “toro enclasado”, “que vuelque la cara en la muleta”, “debe dejarse”, “atemperada embestida”, “colaboración” con el diestro y todo un sinfín de etcéteras que garanticen las diversión. El ganadero debe también, por supuesto, estar para evitar la catástrofe; que al torero se le posibilite llevar a cabo la faena que trae hecha a la plaza; impidiendo que el más mínimo cabeceo del animal le obligue a improvisar porque no sabe y porque al final si no se concitan las circunstancias y elementos anteriores estamos perdidos, público y toreros. Toda la cuestión se ha reducido a una sola: que el toro no frustre la escasa y repetida gama de pases que supone el toreo de nuestros días. 

Pero subyace un problema: a pesar de todo, los toros no salen de chiqueros enseñados a la perfección, pero los toreros sí. Cuando el toreo consistía en resolver artísticamente y con maestría y oficio una serie de problemas, el toreo era muy difícil. Requería un aprendizaje, desde hacer tapias a duras capeas, siempre muy sacrificado. Hoy cualquier chico de escuela taurina se sabe el papel al dedillo, todos torean igual, son todos clones unos de otros y el misterio de la personalidad de cada cual brilla por su ausencia. Y por esto se aburre el aficionado, porque antes hubo un tiempo en que nunca un torero era igual a otro, porque tampoco los toros eran iguales, y cada uno tenía su lidia que unos se la sabían dar y otros no. Y surgía lo imprevisto, saltaba la emoción, las corridas resultaban de un interés apasionante y aún la más tediosa, para el aficionado no lo era porque el buen aficionado no iba ni va a los toros a divertirse, sino a llenarse de emoción, admiración y en ocasiones de angustia. 

Se me ocurre: si el público quiere diversión con toros de por medio ahí tiene, y siempre con el mayor de mis respetos, los espectáculos cómico-taurinos-musicales de los enanitos del Bombero Torero. Reitero mi consideración para con estos profesionales recordando que Manolete se inició en la parte seria del espectáculo cómico-taurino de “Los Califas”. 

El aficionado va a los toros a buscar algo distinto a la diversión. Busca algo más serio y noble. Va a emocionarse en una lucha leal y artística donde torero y toro presentan sus armas en un encuentro dramático donde cabe darse la apoteosis del arte, la exaltación de la estética y la naturalidad como esencia. No; a la corrida de toros cuando se desarrolla con su tremenda magnificencia, cuando hay un momento de verdad en que se arrostra la posibilidad de la muerte la más esencial de las posibilidades del hombre y cuando todas esas conjunciones hay ocasión en que no caben en los estrechos límites de una plaza de toros y hay un triunfador, el torero, que sale por la puerta a hombros ovacionado por las masas, no, a los toros no se puede ir en busca de diversión.

Recogía Federico García Lorca en su conferencia sobre el duende: “Ni en el baile español ni en los toros se divierte nadie; el duende se encarga de hacer sufrir por medio del drama, sobre formas vivas, y prepara las escaleras por una evasión de la realidad que circunda”.

El toreo, en tanto que metáfora de la vida, en palabras de Bergamín, "es seriedad y solo seriedad. "



Paco Ruiz
Miembro de la Asociación El Toro de Madrid 

Fuente: La Voz de la Afición Nº 44, mayo de 2014 . Boletín de la Asociación El Toro de Madrid.  pp.10-11.


             La verdadera emoción SOLO la proporciona el TORO ENCASTADO

 

lunes, septiembre 15, 2014

SOLO HAY UN CAMINO: RECUPERAR LA CASTA


¡¡¡¡TORO, TORO¡¡¡¡


"Un San Isidro más, nuestra Asociación quiere llevar a la palabra escrita sus preocupaciones e inquietudes ante lo que considera la crisis más profunda y determinante que ha vivido nunca la fiesta de los toros. A pesar del pesimismo con el que vemos cómo se pierden a pasos agigantados los valores que constituyen la esencia de la Tauromaquia eterna, no quisiéramos ser tachados de simplemente “derrotistas antisistema” "catastrofistas" y demás epítetos negativos que tan sólo persiguen desprestigiar y quitar peso y resonancia a nuestras denuncias y opiniones libremente manifestadas. Por eso queremos en estas líneas hacer un breve análisis de lo que para nosotros representa lo más llamativo, bueno o malo, de esta temporada. Estamos viviendo tiempos nuevos, nuevas realidades para las que se están buscando, a veces apresuradamente, soluciones que acaben con el verdadero problema que según los taurinos tiene este espectáculo: recuperar clientes, volver a ver los tendidos llenos a rebosar sin importar nada más, no nos engañemos. Con ser este uno de sus males mayores no es el primero, sino más bien la consecuencia del verdadero cáncer de la fiesta que a nuestro juicio es el desfasamiento de la ganadería brava y la falta de torería y verdadera afición de los que se dicen figuras del toreo.


Esta afirmación, no por muy repetida menos verdad, no parece hacer mella entre los profesionales que solo siguen buscando sus intereses corporativos sin escuchar a los aficionados; mejor dicho, se consideran sus víctimas y haciendo oídos sordos se han dedicado a buscar culpables en el gran saco de los reproches y justificaciones que llenan las páginas de medios especializados: la crisis, la falta de interés de los jóvenes, la política, otros ocios etc. que con ser ciertos y añadir leña al fuego, nos parecen secundarios y menos decisivos si los comparamos con el origen de todos los males y causa principal ya mencionada. Bien, y ¿qué hacer? Esta temporada estamos viviendo novedades de todo tipo. La administración y las instituciones públicas “han echado una mano” por  medio de leyes de protección y Pentauros, todavía de muy dudosa eficacia, numeritos de márketing de las figuras algunos más bien patéticos, plante de “los 5 grandes” a la empresa de Sevilla que se han convertido en fracasos sonoros de todos, fiascos en los mano a mano del domingo de Resurrección en Málaga y Sevilla anunciados a bombo y platillo con el marchamo de recuerdos añejos, ¡con aires Joselito y Belmonte nada menos¡. Novedades imaginativas en las taquillas venteñas para atraer al personal en las primeras novilladas de Madrid...

Todo vale en momentos de incertidumbres con tal de dar aire al difunto y que la fiesta y el negocio no decaigan. Hay que reconocer que Taurodelta se ha marcado un punto con la eliminación de la llamada feria del Arte y la Cultura, parche infumable, habiendo alargado el ciclo isidril y pudiéndose descartar del mismo un número de festejos a voluntad. Aun así nos sigue pareciendo que se debía procurar que el resto de la temporada estival sea más atractivo; a veces tenemos la impresión de que la empresa cumple el pliego pero sin importarle demasiado que Las Ventas vayan languideciendo como plaza de temporada con la justificación del escaso público que acude en verano. Con carteles más rematados esto no pasaría. Así no se defiende al espectáculo ni a la afición. Y para colmo la Beneficencia firmada desde el mes de febrero, ¿así se premia a los triunfadores de San Isidro? Eso era en otros tiempos, cuando Madrid sí era de verdad determinante; por desgracia ese plus cualitativo de Las Ventas está languideciendo, digan lo que digan. Además, asistimos a las mayores loas por parte de los taurinos de los que según ellos y la mayoría de la crítica sanciona, son “los mejores carteles de la Historia” de Madrid; en su afán por atraer públicos y vender entradas, se ha hecho una verdadera campaña a favor de esta feria frente al desastre que a priori puede ser Sevilla. Madrid salvará la fiesta, es el último baluarte, la primera plaza del mundo... y no sé cuántas expresiones tremendistas y triunfalistas para vendernos los merecimientos a la continuidad de la empresa un año más por gracia y justicia de la Comunidad ¿había hecho méritos suficientes en años anteriores? y sobre todo una feria basada en la presencia de los Cinco del Plante, pues no les queda más remedio, viniendo una tarde y en carteles muy apropiados, con sus toritos en el bolsillo de acuerdo con los gustos de sus señorías. Pero en la que no están corridas del encaste de Santa Coloma, Dolores Aguirre, Moreno Silva... y sobran ganaderías que vienen siendo un fracaso ganadero año a año por su considerable falta de casta. Menos mal que ha vuelto Miura. 

Nuestra Asociación que tiene como objetivo principal defender la verdad de la fiesta y mantener el prestigio del arte sublime en los ruedos, no puede silenciar su preocupación por la falta de participación que los aficionados tenemos en organismos, comisiones y estamentos encaminados a defender nuestros inte- reses que no son otros que velar por la casta del toro y luchar contra el fraude del espectáculo. Los aficionados que sostenemos con nuestro dinero este espectáculo estorbamos, como hemos podido comprobar en el llamado Pentauro aprobado el pasado 18 de diciembre (....); pero nuestra voz y nuestras denuncias seguirán oyéndose en las plazas y en cuantos foros nos permitan hacerlo. Nos jugamos mucho y la solución no está en las nuevas modas y modos que prostituyen la esencia de la Tauromaquia a las que ahora parecen apuntarse muchos; ni en “descafeinar“ y quitar riesgo y emoción al toreo en aras de llevarlo “al gran público“. Se está demostrando que así no sólo no se atrae a nuevos espectadores sino que abandonan decepcionados los verdaderos aficionados.

Hace cien años un 2 de mayo en Madrid, torearon juntos José y Juan. Figuras cumbre de la Tauromaquia; y no es que queramos caer en el aforismo de que siempre el tiempo pasado fue mejor y creamos a ciegas que la leyenda se agiganta con el tiempo... pero no cabe duda de que en las lecciones y vivencias que nos legaron están las únicas soluciones para salvar la fiesta. Todo está inventado, imaginación para nuevos retos, sí; pero cuidado, la verdadera revolución está en la revelación del toreo que nos dejaron los verdaderos maestros. Eso sí, siempre que el toreo se haga ante un toro de verdad que despierte la emoción en los tendidos y no ante esos animalitos que da pena ver salir rengueantes por chiqueros. Ese es el único camino, el que marca un futuro esperanzador de la fiesta."

"¡Qué Dios reparta suerte!"


Fuente: La Voz de la Afición Nº 44, mayo de 2014 . Boletín de la Asociación El Toro de Madrid  

miércoles, septiembre 10, 2014

EL AFICIONADO ES UN BENDITO

"El aficionado puro, ese camina quedo, para, mira, calla. El aficionado puro parece que mira, pero en realidad no ve. La ilusión de la corrida ocupa su pensamiento y sueña toros bravos, lidiadores expertos, artistas de la tauromaquia. El aficionado puro, lo primero que le interesa del cartel es la ganadería y la hora de comienzo de la corrida. Los espadas, con ser muy importantes, constituyen un factor secundario en sus motivaciones, pues, toree quien toree, acudirá al festejo en cualquier caso. No suele alentar partidismos y lo mismo elogia hasta la excelsitud la actuación de un torero una tarde, que destruye analíticamente la siguiente. Algunos aficionados, cuando se les pregunta cuál es su toreo favorito, se sienten ofendidos por la duda y responden severamente: -Yo no soy de nadie; sólo del que lo hace.Su exigencia es que salga el toro íntegro; que la lidia se ajuste a las reglas; que la presidencia cumpla y haga cumplir el reglamento. Si además hay toreo bueno, ésa ya será la felicidad. El aficionado puro vive la corrida desde sus prolegómenos, se fija en todo cuando sucede en el ruedo y en el callejón; observa, estudia, analiza, correlaciona; posee un sentido de la justicia estricto y su primer objetivo de defensa es la fiesta misma. El aficionado puro es beligerante con todo cuanto atente contra la autenticidad del espectáculo, con aquello que lo desnaturalice. Pero no es intrasigente a ultranza, pues, en sentido contrario, cuando hay toro íntegro, lidia verdadera, mérito del lidiador, se hace de miel. El aficionado puro, en realidad, es un bendito de Dios".
Fuente: El Toreo es Grandeza. Joaquín Vidal Vizcarro. Ediciones Turner. Madrid, 1987. Pp 55-64.

lunes, septiembre 08, 2014

Hace 50 años de la "primavera en el otoño de Antonio Bienvenida"

Ayudado por bajo de Antonio Bienvenida a uno de Cembrano el 05/09/1964 en San Sebastián de los Reyes
La tarde histórica de San Sebastián de los Reyes
Con este titulo encabezó su crónica en ABC Díaz Cañabate al reseñar la corrida celebra la tarde anterior en San Sebastián de los Reyes, una crónica que cerró con una frase que es casi un epitafio: "El arte cuando es puro es eterno". Que fue algo del todo excepcional lo acreditan las palabras del Papa Negro, cuando al felicitar a su hijo Antonio le reconoció que "he visto torear como yo soñaba el toreo". Cañabate se niega a pormenorizar lo ocurrido aquel 5 de septiembre de 1964, porque aquella faena no fue una sucesión de muletazos, sino que nació "tan pronto un natural, como uno en redondo, como un ayudado por bajo, como uno de pecho, como uno por alto. Todos ellos unidos, ensamblados, arraigados en una unidad, en un conjunto, formando un ramillete, formando un manojo de belleza".

"Ya puedo morir tranquilo, porque he visto torear como yo soñaba el toreo", le comentó el Papa Negro  su hijo Antonio, cuando volvió al callejón después de la lidia de “Parlador”, del hierro de “Cerralto”. Era el 5 de septiembre de 1964. El escenario, San Sebastián de los Reyes. Y en efecto, aquello fue como una nueva primavera en el toreo.

Precisamente por ahí iba el título que Antonio Díaz-Cañabate escribió para su crónica en ABC: “Primavera en el otoño de Antonio Bienvenida”. Se lidiaba aquel 5 de septiembre una corrida de los hermanos Cembrano, con el hierro de Cerroalto, en la que adquirió el grado de matador de toros el venezolano Ramón Montero “Maravilla”, siendo testigo Victoriano Valencia, entrado a última hora por cogida de “El Viti”. Tras un preámbulo extremadamente critico con lo que habitualmente ve en los ruedos: “Me desespero. Me aburro –escribe—en medio de ovaciones sin cuenta. Me abruman cuánta oreja, cuánto rabo, y qué poco toreo.( ….) Esto no es torear. Torear es la faena de  muleta realizada por Antonio Bienvenida al cuarto toro”.

El relato que el cronista no deja lugar a dudas. Comienza situándonos en el contexto de los hechos: “Antonio Bienvenida se encuentra en el otoño de su vida de torero. Pasó la primavera novilleril. El verano, plenitud de matador de toros, pasó. Se anuncia el otoño. Antonio Bienvenida entra en él sin la fatiga ni los calores estivales, y los ardores primaverales. Entra ligero de cuerpo y de espíritu. Terribles tormentas le cercan, pero no le contaminan. Fuegos de artificio deslumbran ojos incautos, pero deja a los suyos intactos. Ojos que han visto el toreo. Ojos que conocen el toreo. Y sigue su camino otoñal. ¿De cara al invierno? No. De cara a la primavera. Antonio Bienvenida sabe que en el otoño cabe la primavera, que en el otoño también florecen las rosas. Y Antonio Bienvenida ha realizado una faena de muleta de primavera en el otoño”.
“¿Como fue?”, se autopregunta de seguido el cronista. Su respuesta no deja espacio para la duda: “No me pidáis descripciones imposibles. Fue un florecimiento, no de unas rosas, sino de un pensil. Se abrían los capullos de los pases. Se abrían como si la muleta fuera una varita mágica. Que alumbraba tan pronto un natural, como uno en redondo, como un ayudado por bajo, como uno de pecho, como uno por alto. Todos ellos unidos, ensamblados, arraigados en una unidad, en un conjunto, formando un ramillete, formando un manojo de belleza, la belleza del ritmo que acompaña, de la serenidad que entona, de la elegancia que engrandece, del temple que suaviza, de la majestad que sublima y de la gracia que embelesa. ¡Torear! ¡Dios mío, torear! Lo que uno no ve nunca. Primavera en otoño. Primavera del arte en el otoño de la vida”.
Más adelante escribe Cañabate: “Mató de media delantera y le concedieron las orejas y el rabo. Yo que Antonio Bienvenida, con toda humildad. Pero también con todo orgullo, hubiera rechazado tales recompensas, buenas para lo falso, mezquinas para la verdad. No se puede pagar igual el oro que el plomo. Aunque a veces el plomo valga más que el oro”.
Le quedaba al maestro la conclusión de su crónica. Le bastaron dos líneas de periódico, nada más. “Antonio Bienvenida: En ti se confirma la regla. El arte cuando es puro es eterno”.
Y es que acababa de ver la que el propio toreo consideró siempre la mejor faena de su vida, la plasmación perfecta del concepto del toreo que le inculcó su padre, Manuel Mejías “Bienvenida”. Lo cuenta muy bien Vicente Zabala en su libro “Hablan los viejos colosos del toreo”, un trabajo periodístico y literario que leído con el paso de los años recobra nuevos valores. De aquellas conversaciones, extrajo una gran verdad: “Antonio no entendía el toreo de otra forma que no fuera como arte. Se lo habían inculcado desde niño”. 

sábado, septiembre 06, 2014

RAFAEL GÓMEZ ORTEGA: "EL GALLO" CAPÍTULO X

Rafael "El Gallo": 
Alternativa en Sevilla  y confirmación en Madrid
Fuente: Semanario gráfico del los toros El Ruedo. Madrid, 15 de Agosto de 1944. Año I, Nº 10

jueves, septiembre 04, 2014

"ENTRE ESOS TIPOS Y YO HAY ALGO PERSONAL"

"Antes toros de astas finas y ahora tan solo becerros mandados por bailarinas sin coraje de toreros"
Como cantaba Serrat, probablemente se les recordará... o quizá debería decir que con toda seguridad se les recordará, por ser los enterradores, los matarifes de la gallina de los huevos de oro, los aniquiladores de una ilusión, de una afición que a quién la tiene, se le mete hasta el tuétano de su vida. ¿Y quienes son estos señores que serán recordados?
Pues esa panda de taurinos que no dan puntada sin hilo, que están desforestando de aficionados la fiesta de los toros, con el único objetivo de llenar rápidamente sus bolsillos. Ojalá quisieran hacerse millonarios a costa de los toros, que no es lo mismo que pegar un pelotazo a costa de estos. Esta gente quiere pegar el pelotazo. Dirán que no hay mucha diferencia entre enriquecerse y dejar esto como un solar. Pues yo sí que la veo, en el primer caso sería necesaria una estructura que perdurara en el tiempo y que mantuviera unos niveles de acumulación de poder y dineros sostenible. En lo otro, lo del bombazo, les importa un rábano lo que venga detrás, como la realidad demuestra tozudamente cada día, cada feria y en especial cada tarde de toros en la que precisamente eso, el toro, sigue ausente de los ruedos.
Quizá piensen que mi dedo señala únicamente a los señores empresarios, pero noooo, que no tengan pena el resto de taurinos, que tanto aquellos que rebañan hasta el último céntimo, incluso no atendiendo a sus obligaciones de pago, sino que también son culpables los que se venden por un café, por una pasadita de mano por el lomo, por una invitación a una tienta o una capea, convirtiéndolos además en “aficionados prácticos”, lo que les da el derecho a opinar, apoyando sus comparecencias en la experiencia de haberse puesto. ¿No saben na! Los unos y los otros saben lo que se hacen. Cogemos una voz autorizada, le llenamos la tripa, le soltamos eso de “¡Bieeeeen torero!” y tenemos de nuestro lado a un buche agradecido por los siglos de los siglos. Cada uno a lo suyo, unos usan la palabra como una guadaña, dispuestos a cortar sin miramientos en el vergel de la historia, pisoteando el nombre de los maestros que engrandecieron la Fiesta, con el único fin de ensalzar la vulgaridad de los mediocres de los que esperan sus regalías. Lo mismo nos cuentan la perfección de la tauromaquia de un pegapases, como la fina elegancia de un fracaso de un señor al que se empeñaron en convertir en figura. ¿Cabe mayor ruindad? ¿Cabe mayor indignidad servidumbre y servidumbre? Pero claro, estos vicios de señorito hay que pagarlos y por lo que se ve, con creces. Es necesario comprometer la honra no solo de querer ser buen aficionado, también hay que embadurnar la buena fama como persona. Y luego exigen respeto. Lo siento, pero entre esos tipos y yo hay algo personal.
Tienen un perfecto reparto de papeles, unos son los que ordenan y mandan sin mancharse las manos, si acaso, después de una catástrofe, como puede ser una feria decepcionante, presentan sus excusas ante un vocero afín, doliéndose como los mansos al castigo, con la certeza de que su interlocutor no les pondrá en apuros, no tendrá valor para plantearle eso de que “con estos mimbres...” Lo que todo el mundo atisbaba a lo lejos, ellos se dan cuenta a toro pasado, como los malos toreros, pero que repetirán de nuevo al año siguiente, así feria tras feria, ¿por qué? Porque esto de los toros no les importa absolutamente nada. Ellos siguen a lo suyo. Si se necesita ayuda, ahí estarán los generales de campo que sacarán la cara entre la queja, esa amarga incomprensión con que los más amargados les azotan en sus tardes claveleras. Pedirán calma, respeto, comprensión y la idolatría que creen merecer y que no reciben con la unanimidad que marcan las buenas formas de la cortesía taurina. No les valen esos aplaudidores entregados que entre bocado y bocado de la merienda aún tienen manos para aclamar a los maestros contorsionistas y tramposos, que lo mismo se te fuman un puro, que se comen unas gachas con los dedos. Es que ellos son así de campechanos, divinidades taurinas, pero campechanos, eso que no falte.
Pero como se trata de llegar a todos los rincones del orbe taurino, lo mismo en los tendidos, que en las redes sociales, que en las tascas de mala muerte, están los infantes, los que se revuelcan en el barro, los que no son ni tan siquiera merecedores ni de una invitación, o los que si acaso torean una tarde al año, porque el que interesa se ha ausentado. Unos te vociferan y te amenazan, pero al primer doblón buscan las tablas, huyendo con desaire y soltando coces al aire. Los otros se limitan a repetir consignas escuchadas a los gurús del fraude, pero sin caer en la cuenta de que estos les ocultaron el final del cuento, que es donde se descubre toda la trampa, el intríngulis de todo esto que llamamos torear. ¿Creen que se puede hacer migas con estos señores? ¿Creen que uno se puede fiar de sus buenas maneras? Igual es algo visceral y poco explicable, pero... Entre esos tipos y yo hay algo personal.



Fuente:

martes, septiembre 02, 2014

SE CAE EL "TORO", SE CAE LA FIESTA.

Fotografía Salvador Giménez
                             ¡¡¡¡Fandi Mediocre¡¡¡¡ se escuchaba en los tendidos de Acho el 2013. 
Dios quiera que este saltimbanqui, carteristas (dícese de los que roban la cartera y se echan a correr), no vuelva nunca más al Perú.

domingo, agosto 31, 2014

RAFAEL GÓMEZ ORTEGA: "EL GALLO" CAPÍTULO IX

LOS CUARENTA Y CINCO AÑOS DE VIDA TORERA DE RAFAEL "EL GALLO" 
RECUERDO DE JOSELITO Y JUICIO SOBRE MANOLETE
Fuente: Semanario gráfico del los toros El Ruedo. Madrid, 08 de Agosto de 1944. Año I, Nº 09

viernes, agosto 29, 2014

CUATRO CAPOTES MÁGICOS


Homenajeando al Maestro
Antonio Ordóñez, Curro Romero, Rafael de Paula y Antoñete.
Me los robaron para venderlos por veinte mil duros.
Alfonso Navalón
Nunca he sido partidario de convertir mi casa en un museo taurino. Cuando me hice ganadero tenia en la finca unos cencerros que resumían la historia de las divisas más destacadas, colocados en lo alto de una estantería tenia los cencerros de Miura, Pablo Romero, Conde de la Corte, Urquijo y Graciliano Pérez Tabernero, más el de Manuel Arranz como fundador de mi ganadería.
Los toreros me ofrecieron muchas cosas (aparte de millones por ponerlos bien), pero ese mundillo me atraía muy poco y no quise llenar mi casa con vitrinas de trajes de luces de tardes de gloria. Sencillamente porque muy pocas veces la categoría artística no tiene nada que ver con la presencia humana de muchos ídolos de multitudes que en traje de paisano son como para echarse a correr.
Mi historia de hoy se resume en cuatro capotes que pasaron a la historia del toreo con letras de oro... Uno era el de la reaparición de Antonio Ordóñez en Málaga, cuando ya no era ni la sombra de lo que fue antes de los años sesenta. Me lo ofreció delante de todos sus acérrimos partidarios que se llevaron un gran disgusto, considerando que los hacia de menos regalándoselo a un crítico provinciano recién llegado al mundillo taurino. Son los mismos que se escandalizaron cuando en el Hotel Astoria de Valencia me dijo Ordóñez en las fallas de 1963, cuando sólo había publicado cuatro crónicas en "El Ruedo": "tú serás la nueva grán figura de los críticos". Estaban delante José Maria Jardón, Pedro Balaña, Diodoro Canorea y el viejo Pablo Chopera con Barceló empresario de Benidorm Alicante. El viejo Chopera cortó a Ordóñez "me parece que te estas pasando. Navalón sabe mucho pero tiene todavía más peligro. No nos conviene".
El otro capote era de Curro Romero en una tarde gloriosa de feria de Sevilla en la Maestranza donde al cabo de muchos años confesó que fue el día que mejor había toreado de capa en toda su vida. Cómo seria que le tocaron la música. Habíamos tenido un disgustillo por una mala interpretación de su mujer Conchita Márquez Piquer y Curro para congraciarse me regalo aquel capote histórico.
El otro pertenecía a Rafael de Paula y con el, ejecutó aquel quite por verónicas en un toro de Julio robles, el año que se presentó a confirmar su alternativa en Madrid, después de trece años rodando por las plazas de Andalucia sin alcanzar más gloria que los cantes de los flamencos. Aquella noche lo fuimos a ver al Hotel Wellington con toda la plana mayor de los ejecutivos de Rumasa, que me habian contratado para dar ocho conferencias en Andalucia. Eran adoradores incondicionales del gitanito rubio, con Ruiz Mateos al frente en pleno poderío social y económico antes de que el actual marido de Isabel Preysler arremetiera con la expropiación. Aquella corte iba a llevarnos a cenar al restoran más caro de Madrid y se quedaron de piedra cuando le dije a Rafael que habia sido una pena dar unos lances tan bonitos cambiando tanto el terreno en vez de ligarlos seguidos como lo había visto otras veces. Cuando trataban de increparme por mi osadía, Paula los aparco "Tiene toa la razón el de Salamanca. Otras veces he toreado mucho mejor con el capote. Lo que pasa es que en Madrid no me habian visto y le ha parecido mucho más de lo que ha sido".
El capote de Antoñete era el de la famosa media verónica que repitieron tantas veces en Televisión, y tampoco se le hizo justicia porque otras mucho mas perfectas y mas lentas. Pero fue una tarde de gloria y la gente estaba loca con el viejo del mechón. Antonio tenia entregada la plaza y cuando remato la media, los tendidos se pusieron en pie con una ovación delirante.
Luego tuve más capotes. Cada vez que los toreros venían a torear a mi casa me dejaban un capote y una muleta. Tuve capotes de Capea, Manzanares, Roberto Domínguez, El Yiyo, Julio Robles y dos muletas de Andrés Vázquez. Me quede con la gana de conservar algo de Rafael Ortega que ha sido el que mejor he visto torear en toda mi vida y con algún recuerdo de Manolo Vázquez que cuajo una vaca mía magistralmente. Pero no hubo ocasión. De todos estos capotes el que mas use toreando fue el de Antonio Ordóñez, pero tuve que acomodarlo a mis medidas porque era como una manta. Fue Tito el mozo de espadas de Andrés Vázquez quien le cortó más de una cuarta de los bajos para poderlo manejar a mi antojo. Ahora que recuerdo toreé muchos festivales con un capote de Antonio Bienvenida que no tenía ninguna historia especial. Simplemente me lo regalo al terminar un tentadero en Huelva en la plaza de Tomás Prieto de la Cal. Una plaza que tenia un dolmen debajo del palco de invitados y donde nos tomo el pelo Miguel Litri que se quedó asando sardinas mientras nosotros pasábamos las de Caín con aquellas vacas jaboneras que se colaban por donde menos esperábamos. En uno de los atragantones de la lidia, Bienvenida me comentaba desesperado:" Con estas vacas se me ha olvidado torear ¡Ninguna va por donde la mando!Cuando acabó el tentadero el Litri viejo se reía de nosotros "Ahora os enterareis porque me quede asando sardinas"…
Desaparecieron
Cuando mi separación, mi difunta esposa se quedó con todo y los tres hijos se vinieron conmigo, por todo lo cual el juez me condenó por "abandono de familia" ¿Quién entiende eso si los hijos se vinieron conmigo? El caso es que la pobre señora sentía un apego especial por lo ajeno y aparte de muebles antiguos y obras de arte por valor de cincuenta millones, se quedó también con los capotes históricos, vendiéndolos por cien mil pesetas, cantidad ridícula porque todos estaban dedicados y firmados por aquellas grandes figuras. Un abogado de Madrid, amigo mío me contaba que el año siguiente pago un anticuario doscientas mil pesetas por el de Curro Romero.
Como estaba escrito que no conservaría nada de mi historia de crítico y torero aficionado, un dia vino un torero a uno de los últimos tentaderos y al dia siguiente recordé que habia dejado los trastes de torear y los zahones en un burladero, habian desaparecido porque alguno de mis invitados tuvo el acuerdo de virlármelos. Le tenia especial cariño a los zahones, hechos con todo el capricho por el maestro guarnicionero de Puebla del Río (el mismo que trabaja para los Peralta). Tenia grabados en los bordes el hierro de las ganaderías de los amigos y encima de la bragueta el mío con una leyenda que decía "Escribir y Torear". También me robaron unas polainas repujadas que eran un primor de artesanía, a juego con unos botines de piel de becerro con la puntera puenteada en relieve.
Ahora, como hace dos años que no toreo, ya no me hacen falta pero me queda la tristeza de haber perdido aquellas joyas del arte de torear.

jueves, agosto 28, 2014

RECORDANDO LO QUE FUE LA SUERTE DE BANDERILLAS

JULIO PÉREZ, "EL VITO"
Homenajeando al Maestro
Alfonso Navalón
A media mañana sonó una voz en el teléfono que se hacía familiar a pesar de los veinte años que llevamos sin vernos. Estuve dejándolo hablar hasta que soltó el: «¡Mi arma! ¿Pero ya no te acuerdas de tu amigo ‘Vito’?». Y de pronto saltaron un montón de recuerdos, de los muchos días que vivimos en entrañable armonía nuestra pasión por el toreo. Los que me siguen saben de sobra la profunda admiración que siento hacia este personaje singular, al que pongo siempre como ejemplo del más completo banderillero que he conocido. En la distancia, Julio ‘El Vito’ va recogiendo las crónicas que le mandan sus amigos o las que le pasaba un pariente que maneja Internet. El hombre ya no pudo aguantarse más y me llamó para contar lo feliz que se sentía con este reconocimiento, cuando los aficionados de ahora no saben lo que significó en la historia del segundo tercio. «¡Mi arma! ¡Guardo tus crónicas de ahora con más cariño que las que me hacía Corrochano en el ‘Abc’!». En mi larga historia de aficionado práctico no he disfrutado con nadie haciendo tentaderos como con este andaluz que derrocha gracejo y talento en sus chispeantes charlas. Para Julio es un vicio hablar de toros. No se parece a José Tomás ni a los toreros de ahora que se quitan el traje de luces y se convierten en ciudadanos anodinos, la gente que nos conoce dirá que estuve también muchos inviernos andaluces tentando al lado de Pepe Luis Vázquez y que no voy a comparar a un genio del toreo con un simple banderillero. Ya lo sé, pero Pepe Luis es más tímido y más reservado. Pepe Luis da muchas largas cambiadas porque no quiere complicarse la vida. A Pepe Luis hay que oírle después de las doce de la noche, cuando ya tiene encima media docena de güisquis. Como aquella madrugada en ‘El Toruño’ de los Guardiola, cuando andaba escribiendo ‘Los Toros del Sol’ y Don Salvador me reservó una sorpresa emocionante: «Usted habrá toreado cientos de vacas, pero seguramente no se habrá puesto delante de un cinqueño». Así que tragué paquete y afronté la prueba. Era un toro que no se podía lidiar porque tenía un bulto en el costado. Y allí estaba Julio ‘Vito’ con el capote pronto por si pasaba alguna ‘esaborisión’, y Pepe Luis con su discreción de siempre. Esa noche nos dieron las tantas hablando de toros. Los hijos de Pepe Luis (todavía unos niños) dormían en los divanes mientras el maestro de San Bernardo, sabiéndose entre los cabales, derrochaba sabiduría. Domingo Ortega siendo también seco en palabras, era más abierto cuando sabía que tenía auditorio digno de su sabiduría. Una noche después de tentar en su finca de Segovia nos quedamos de sobremesa con Antonio Bienvenida, el escultor Sebastián Miranda y Luis ‘El Estudiante’. Faltó Cañabate, que por entonces ya estaba muy malito, mientras el trepa de Zabala rezaba para que le dejara cuanto antes la tribuna de las hipocresías del ‘Abc’. Fue una de esas noches inolvidables donde el viejo filósofo de toros sentó cátedra de lo que debe ser un buen torero. El toreo por dentro Pero lo del ‘Vito’ era distinto a todo. Conocía el toreo por dentro y desde abajo, había sido figura de los novilleros, matador a la sombra de su padrino Carlos Arruza, luego el mejor banderillero de esta época y después también maestro en el arte de escoger en el campo la corrida que mejor le iba a cada torero, a cada plaza y a cada empresario. Entre Domingo Ortega y ‘El Vito’ hay la misma diferencia que entre una conferencia de Don Miguel de Unamuno y la vida del Lazarillo de Tormes. Por mucha gloria que alcance Unamuno, las aventuras de Lázaro quedarán para siempre en el alma del pueblo. Una hora me tuvo al teléfono. Un torrente de recuerdos. Entre lo mucho que habla Julio y lo poco que me gusta estar callado, había que recuperar el tiempo perdido. Lo conocí un invierno a principios de los sesenta cuando yo acababa de entrar en ‘El Ruedo’ y paramos a comer en el Parador de Bailén con Luis Miguel, Jaime Ostos y Luis Segura. Lo más curioso de aquella reunión fueron las ocurrencias de Lucía Bosé (todavía bellísima) traduciendo al idioma casero los tecnicismos de Luis Miguel. Su conclusión fue gloriosa: «O sea, que según Luis Miguel, el secreto del toreo está en la altura y la distancia que debe llevar la muleta durante la faena». Eso es lo que nos había querido explicar su marido en media hora de pontificar. De pronto, nos quedamos sorprendidos ante dos hombrones que estaban pegando carreras y saltando los setos del jardín. Eran ‘El Vito’ y Luis González que entonces iban de ‘pareja-espectáculo’ en la cuadrilla de Ostos. Iban a torear un festival en Andújar y aquella tarde Luis Miguel dijo que me fijara en un muchachote fornido de Zaragoza: «Ése acabará cuajando en un gran banderillero». Y no se equivocó. Aquel mañico era Pepito Gracia, hijo del conserje de la plaza de Zaragoza y padre de ‘El Tato’, el inesperado nuevo ‘manager’ de El Juli, que de pronto ha olvidado todo el cariño que siempre me ha tenido su familia y de la sorprendente memoria de su padre que se sabía algunas de mis crónicas y las soltaba de golpe en las muchas noches de juerga que pasamos juntos. Aquellos tentaderos No puedo reflejar en esta crónica la historia de esa hora telefónica anotando cuando íbamos a los tentaderos de Urquijo en el Cortijo de ‘Juan Gómez’. Allí se tentaba después de la feria de Sevilla cuando ya el sol achicharra. Empezábamos al amanecer y tentábamos diez vacas hasta que empezaba a calentar. Luego volvíamos a las siete hasta que se hacía de noche. Entonces probamos aquel semental ‘Dominó’, un prototipo de Murube que salió extraordinario. Se lo compró Litri en un millón de los de entonces (cuando las corridas valían sesenta mil duros) y fue un desastre de semental porque no ligó con ninguna vaca. Otro día fui a tentar a lo de Joaquín Buendía, cuando aquellos santacoloma salían rabiosos de casta y los toreros decían que tenían ojos de locos cuando los miraban. Mi sorpresa es que al empezar en la placita de la ‘Hacienda Bucare’ se presentó de improviso ‘El Vito’: «Mi arma, m’enterao de cazualidá que venías a lo de Buendía en la Venta de Antequera y m’a fartao tiempo pa’vení. No te vayas a equivocá que ezto no lo conoces, que aquí una vaca te pué rajá encuantito te encantilles...». «¡Julio!, si yo estuve ya en los de Isaías y Tulio Vázquez, en lo de Albaserrada y en los gracilianos de Arranz. Pero Julio seguía en sus trece: «Y que no te vayas a equivocar, que aquí te puede pasar de todo cuando más descuidado estés». No pasó nada. Las vacas salieron muy picantes pero manejables si se les tapaba bien la cara con la muleta. Mi amigo ‘Vito’ no respiró tranquilo hasta que no le dimos puerta a la última. Entonces comprendí el gran respeto que les tenían los toreros a los torillos terciaditos de Santa Coloma. Y por qué las figuras de ahora no han descansado hasta quitarlos de todos los carteles. Prefieren los borregos de Domecq porque ¡Dios te libre de un Santa Coloma listo! Amigo leal Julio defendió siempre mi amistad. Cuando el taurinismo empezó a odiarme por ‘derrotista’ siempre sacaba la cara por mí. Una noche en los premios de ‘Río Grande’ en Sevilla un grupo de cronistas andaluces empezaron a despotricar contra mí. Julio pegó un puñetazo en la mesa y los cortó en seco: «A los buenos toreros le hacen falta muchos críticos como Navalón, que sabe de esto y no cuenta mentiras como todos ustedes». Y desde entonces, cuando está él delante nadie se atreve a soltar una guasa contra mi persona. Algo parecido ocurrió años después con Antonio Ordóñez, también en los premios de ‘Río Grande’ cortó en seco a los difamadores y se extrañaron que siendo enemigos de muchos años sin hablarnos, el rondeño se pusiera de mi parte: «Entre todos vosotros no le llegáis a la suela del zapato». Seguimos otro par de años sin hablarnos hasta que un día hicimos las paces en la feria de Albacete, cuando Danielico Ruiz era solo el corralero de los Choperitas. Dios te guarde Julio’Vito’, flor de los banderilleros, rumbo y señorío de los toreros viejos, de los pocos que vivieron enamorados del traje de luces como la ilusión suprema de su vida. Y que sirva de ejemplo cómo un crítico maldito y un grandioso torero pueden ser amigos hasta la muerte.

Fuente: http://www.alfonsonavalon.com/paginas/ultimas%20cronicas/29.htm
Para visualizar los videos pichen sobre los enlaces:
http://vimeo.com/80055607
https://www.youtube.com/watch?v=l1J3jPJqEjI

miércoles, agosto 27, 2014

ADIOS A TONETTI

Homenajeando al Maestro
 Pepe Tonetti

EL REY DE LOS PAYASOS
ALFONSO NAVALÓN GRANDE
A veces te das cuenta que la vida se va acabando y llevas muchos años sin ver a viejos amigos de los años dorados. Esta Navidad el primero que me felicitó fue Julio Pérez Vito, la mayor gloria de los banderilleros vivos. Pienso que hace más de 20 años que no nos vemos, que no he vuelto por Sevilla ni él sale de allí. De pronto, cuando surge alguna falsa figura del tercio de banderillas, como Ferrera, me indigna la ignorancia de los públicos y de los críticos y recuerdo a las gentes cómo hacía la suerte Julio Vito. Explico su parsimonia para ir a la cara del toro, su forma de clavar cuadrando en la cara y aquel salero de salir andando despacito, sin despeinarse, sin volverse a mirar al toro que iba por su camino dominado, y lo comparo con estos tirititeros de las carreras, los brincos y las salidas alocadas perseguidos por el toro y saltando al callejón. Me indigna que lo que más aplaude la gente sea ese salto al callejón, señal clara que ha sido desbordado por el toro. Julio jamás saltaba al callejón porque, al salir del par, dejaba a los toros clavados en su terreno y él salía de la suerte, sin mirarlo con esa chulería antigua del ¡ahí queda eso!.
Julio Vito tiene una hija que maneja el ordenador y el viejo torero se emociona leyendo las crónicas que de tarde en tarde dedico a su maestría. Y me llama en conversaciones interminables recreándose en el mundo de los recuerdos. “¿Tú estás bien, mi “arma”?”Man disho” que tienes una mujer “mu” guapa que te quiere “musho”! “Yo estoy superior, Julio, ni colesterol, ni diabetes, ni nada de lo que tiene la gente de mi edad.” “Pues eso es lo que “hase farta”, que vivamos muchos años, disfrutando de haber “sio” figuras en lo nuestro…!”
A veces me acongoja el recuerdo de los grandes amigos que seguramente ya no volveré a ver porque ya no salimos de nuestro territorio, como hacen los sementales viejos cuando se le pasa el celo del poder.

RESENTEMIENTO
En esta mañana de febrero al cruzar el puente del río Tormes sentí la angustia de localizar a Pepe Tonetti, al que perdí la pista hace muchos años. La última vez que lo encontré en Madrid con su vitalista apariencia de atleta, llevaba ya varios años retirado. Me contó que vivía en la libertad del campo, rodeado de todos sus recuerdos del circo, que lo tenía delante de la casa con su “rulot” como si todo estuviera a punto para actuar esa misma tarde. Recuerdo, de niño, cuando mi padre me llevaba a la feria de Salamanca, por la tarde a los toros y por la noche al circo, donde Pepe y su hermano Lolo nos tenían con la boca abierta y la risa a borbotones. Después cuando empecé a recorrer mundo en todas las corridas de las grandes ferias lo veía en la puerta de arrastre, encaramado en un taburete junto a los mulilleros. Iba a los toros vestido ya de payaso hasta que llegaba la hora de la función y salía disparado para empezar su actuación de la tarde. A veces sólo le daba tiempo de ver el primer toro, luego me llamaba al hotel para que le contara la corrida. “Porque de los demás no me fío” y a veces me iba a cenar con él en su camerino rodante. Hasta que un día descubrí que también era torero y que su verdadera vocación era la de haber sido cómico en los ruedos como los del Empastre o El Bombero Torero.
Fue una tarde en la finca de Baltasar Ibán, cuando Paco Camino y servidor, después de varios años de distanciamiento, hicimos las paces recordando aquellos años de Salamanca cuando él era novillerito puntero y yo toreaba en casi todos los tentaderos. Pepe me pidió la muleta en una vaca que le gustó y se puso a imitar a todas las figuras del momento, sobre todo a El Cordobés, por afinidad de estilos: “Manolo y yo somos los mejores payasos de la historia” y se retorcía gesticulando con aquella risa contagiosa.

REIR SOBRE LA MUERTE
Una tarde estábamos en la feria de Burgos Y Tonetti no apareció en la puerta de arrastre. En Burgos podía estar más rato porque tenía el circo justo al lado de la plaza. Pepe estaba en Madrid en el entierro de su padre. Salió de madrugada con su hermano y volvió a tiempo de pintarse la cara y estar en la pista para hacer reír a ese público que lo adoraba. Hizo los chistes de siempre, sus carcajadas y sus piruetas eran más espectaculares que nunca y cuando acabó la función se derrumbó sobre un taburete y sus lágrimas de payaso, resbalando sobre los colorines del maquillaje, me llegaron al alma.
Era un hombre de grandes sentimientos solidarios, pendiente siempre de los malos tragos de los amigos. Un día me llamó para realizar una idea que llevaba mucho tiempo metida en la cabeza: “Vamos a fundar el club de los payasos para recoger a todos los viejecitos del oficio y tengan un lugar bonito para vivir sus recuerdos de artistas” Pero como no había dinero organizó un festival en la plaza de Vista Alegre. Las grandes figuras le respondieron, a pesar de que muchos estaban en América, y sólo un gilipollas se negó, alegando que si toreaba yo él no iba. Pepe estuvo grandioso en la respuesta: “Alfonso es mi amigo y va a torear; así que tú eres el que sobra en el cartel”.
Fue una mañanita soleada, antes de empezar la temporada en Las Ventas y la antigua plaza de Vista Alegre se llenó hasta los topes. En gran parte porque nuestra madrina era Lina Morgan que, aparte de un importante donativo, la noche anterior metió una cuña en su programa de televisión para hablar del festival de los payasos. Aquello fue un éxito en todo. Toneti salió vestido de corto, con un traje a medida que le hizo Luis Álvarez, un cotizado sastre de toreros de la época. Recuerdo que cuando le tocaba hacer su quite a Andrés Vázquez me invitó a salir y toreamos al alimón por chicuelinas, algo insólito en aquellos tiempos porque era una suerte olvidada hasta que varios años después la resucitó Esplá actuando con su hermano Tono.

EL SUICIDIO DE LOLO
Cuando llegó aquella crisis del circo, Tometi sobrevivió a fuerza de superarse y, como la gente lo adoraba, fue salvando trabajosamente aquel hundimiento de las taquillas. En cambio su hermano Lolo se hundió en una terrible depresión y una mañana, cuando Pepe se levantó para hacer sus ejercicios de gimnasia, se lo encontró ahorcado. La muerte del hermano lo sepultó en el desánimo. La noche que volvía de enterrar a su padre tuvo agallas para seguir en la pista. Ahora ya no pudo pensar en aquella vieja canción italiana: “Riddy pallayasi, ríe tú payaso que esa es tu misión/ que importa si adentro te llora el corazón…” Y colgó para siempre sus viejos zapatones de farsa.
Muchas veces he pensado en esta grandeza de espíritu de los payasos. De su capacidad para sobreponerse al dolor para hacer feliz al público. Una noche en Madrid, dando los coloquios en el Círculo de Bellas Artes, se me había caído el mundo encima y me sentía tan hundido que no era capaz de empezar. Estaba llorando en los lavabos y sentía las protestas de la gente por la demora. Me acordé de Tonetti, seguí su ejemplo y estuve hablando una hora más de lo que acostumbraba. Mantuve al público en vilo toda la noche, sentí esa soberbia de dominar a la masa y acabar rodeado de abrazos y ovaciones. Aquella tarde había simulado una faena “memorable” Curro Romero, cuando sólo era una ilusión de sus incondicionales. Tuve que enfrentarme a todos los que estaban convencidos de haber visto algo insuperable. Menos mal que las imágenes del vídeo me dieron la razón. Como sería la cosa que un grupo de incondicionales me llevaron de juerga por la noche de Madrid y cuando a media mañana caí en la cama es como si me hubieran curado todas las heridas del alma.
Os decía que esta mañana al cruzar el Tormes me propuso localizar a Pepe Tonetty para volvernos a ver, barruntando que ya le quedaría poca vida. Por la noche el telediario dio la noticia de su muerte. No sabía que tenía 84 años y que le había llegado la hora sin poderle dar el último abrazo. Me dio rabia el tono distante de la noticia y después el silencio de los periódicos, como si mi amigo del alma no fuera el último rey de los payasos. Bien mirado ya no hay sitio para estos seres entrañables y grandiosos. Ahora las payasadas las hacen los ministros en la televisión. Casi todos los días.
Fuente: http://www.elchofre,com/