EL EJE DE LA LIDIA

EL EJE DE LA LIDIA
"Normalmente, el primer puyazo lo toman bién los toros, y si ése fuera el único del tercio, todos parecerían bravos. En el segundo ya empiezan a dar síntomas de su categoría de bravura. Y es en el tercero donde se define de verdad si el toro es bravo o no.-En el tercer puyazo casi todos los toros cantan la gallina- se suele decir". JOAQUN VIDAL VIZCARRO: El Toreo es Grandeza.

domingo, septiembre 28, 2014

ANDRES VÁSQUEZ : "NO HAY BUEN TORERO, SIN BUEN ENCASTE"

SAN PEDRO EN ZAMORA
29.06.10 - 01:09 -ZAMORA.

En esta entrevista el diestro de Villalpando, maestro de espadas, ofrece alguna de las claves de la fiesta....:

-En usted se cumple el dicho de que nadie es profeta en su tierra. Lo digo porque recibe más homenajes fuera que dentro. En septiembre le dedican un azulejo en la Feria de Otoño de Madrid, una distinción para aquellos que han salido varias veces por la puerta grande de Las Ventas.
-Sí, acabo de llegar de Candás (Asturias), donde me acaban de dedicar una calle. Allí hay grandes aficionados. Y en Madrid, que voy a decir. Si estoy en un bar a dos minutos de la plaza de Las Ventas y tardo en llegar dos horas porque hasta me vienen a medir el brazo (risas).
-¿Que le queda a Andrés Vázquez de El Nono, su primer sobrenombre?

-Todo, porque el toro es lo que uno conserva en la caja de ahorros de su ser. Cuando quieres abres la puerta y sacas cosas. Es muy bonito. Además, de la época mía sólo he salido yo de matador de toros, el que quedó fuí yo de cuarenta chavales que éramos en Villagodio. También el padre de El Juli anduvo por las capeas. Es que el comiezo era muy difícil. Una vez, Manuel Sánchez Covaleda llevó un semental no toreado para los mozos de un pueblo de Zamora y me dijo: yo te espero en la puerta (tenía un Mercedes descapotable) por si hay que salir zumbando. El toro era muy grande y yo salí de debajo de la rueda de un carro con una muleta y le empecé a torear porque iba bien. Me fui al centro de la plaza y di un pase muy bueno. Me planté y el toro se me quedó mirando y yo a él, mientras llovían los palos sobre mi cabeza. Los mozos tiraban a dar y al final pude librarme. Y en Alija del Infantado me quedé sin chaqueta, con una cornada en el muslo y el rabo del toro entre las manos. Al otro que estuvo en la lidia conmigo le pegó una cornada y le tuvieron que llevar a la enfermería. Allí sólo quedamos el banderillero y yo.
-¿Cuando fue usted consciente de que había llegado su momento, ahora o nunca?

-En esa corrida del 62 toreaba con Julio Aparicio y Jaime Ostos y me tenían abrasado. Cada uno de ellos cortó dos orejas y me dijeron con socarronería: ¿ahora qué, Andresito? Pues que corté las otras dos. Salimos por la puerta grande y nos llevaron a hombros hasta Manuel Becerra. Yo me senté en la plaza de Santa Ana, dejé que viniera el empresario y le dije que no podía pagarme menos que a ellos porque era mejor, y que o me daba 300.000 pesetas o no toreaba para él y me volvía a Villalpando. Le dije: esto no es el toreo, esto son unos señores que tienen la fiesta agarrada y no la sueltan. Al final firmé 30 corridas y corté cinco orejas en Las Ventas. Pero me costó mucho porque, aunque lo bordaras, solamente apoyaban a los andaluces. El Viti y yo, como éramos castellanos, tuvimos que sudar lo nuestro. En 1971, cuando maté la corrida de Vitorino Martín, ya reventé y les dije: si si no me dejáis comer en vuestra mesa, váis a tener que comer en la mía.
-¿Qué pasa con los nuevos toreros, que no alcanzan los niveles de excelencia de otros tiempos?

-Pues que salen a la plaza sin formación, y eso existe porque los toros tampoco están formados, se les ha quitado la raza. Un palha, un Aguirre o un Miura: esos no los torea ni el Juli ni Ponce. En la actualidad son tan sólo tres o cuatro los que mandan en el toreo, hay poca competencia. Cuando estábamos nosotros éramos casi una treintena: Luis Miguel Dominguín, Antonio Bienvenida, Manolo Vázquez, Julio Aparicio, Litri.... Y al mismo nivel que estábamos nosotros estaban los toros. Ahora no pueden surgir toreros importantes porque el toro está en decadencia, tiene que mejorar la casta. No puede ser que llegue una feria como la de San Isidro de este año en Las Ventas, con treinta corridas, y que ninguno de los toreros salga por la puerta grande.

-Lo que le ha distinguido a usted es la brillantez y limpieza de la estocada, pese a su estatura.
-Porque los mataba con el corazón. Pero hay unas normas que yo las enseñaba en la escuela nacional taurina y que aprendieron El Yiyo, Sandín, Maestre (los príncipes del toreo, con 14 y 15 años), Uceda Leal. Hacía los tres tiempos del volapié, en corto y por derecho. Y al toro hay que irse a meter la muleta debajo del morro, en corto y a lo que yo llamo abrir el buzón (el hoyo de las agujas, que el toro lo tiene guardado). Hay que girar la muñeca y no salirse de la línea recta. Tienes que matar el toro de memoria. Cuando me dicen «yo mato a mi aire», yo respondo que esa técnica no la conozco. El arte no es violencia; es templanza, ritmo, naturalidad, no estás con un pico y una pala. Hay que mirar hacia Belmonte.

-¿Y cómo está la cantera zamorana, en su opinión?
-Hay dos novilleros de Villalpando, Antonio Boyano y Diego Luna, que creo que tienen potencial.
-El 18 de julio se inaugura la plaza de toros de Toro. ¿Va a acudir a la apertura?
-Posiblemente. Yo toreé en ella y recientemente he llevado a Rafael de Paula para que la viera. Para mí, es comparable a la de Ronda porque conserva todos los detalles de la época en que se construyó.
-Si no hubiera sido torero, ¿qué le hubiera gustado ser?
Hubiera sido profesor. He sacado adelante grandes matadores. En la escuela de tauromaquia hay tres dichos. Para ser torero se necesita afición, ambición y carácter. Afición para trabajar; ambición para sacrificarte y conseguirlo; y carácter para salir a la plaza.
-El sueño de la escuela taurina en Zamora se desvaneció.
-Sí, pero sigo creyendo que aquí sería una maravilla, porque hay muchos muchachos con interés.

jueves, septiembre 25, 2014

FRANCISCO RIVERA "PAQUIRRI" : UN TÉCNICO DEL TOREO

El Parte Médico en el caso de Paquirri, diagnosticaba rotura de las venas Femoral, Safena e Iliaca; en el caso de José Tomás diagnosticaba lesión de las venas Femoral, Safena e Iliaca. Lo que denota sin lugar a duda las coincidencia trágicas que se dan en el toreo y que dependiendo del espacio, tiempo y lugar en el que sucedan  pueden tener consecuencias  totalmente distintas.

Escribía don Joaquín Vidal Vizcarro, en su crónica de El Pais del 27 de setiembre de 1984:
"Paquirri no acababa de entrar a los aficionados. La frialdad de su toreo, frecuentemente repetitivo y monótono -aunque enmarcado en una técnica de primer orden-, le catalogaba algo distante de los diestros llamados a pasar a la historia con subrayados de oro. Sin embargo, Paquirri será un torero de leyenda. La cornada mortal le purifica de cualquier crítica y engrandece su figura, que ha ocupado un puesto de primera línea entre la torería a lo largo de dos décadas. Casi toda una época del toreo.Las largas cambiadas a porta gayola con que solía recibir a los toros, los pares de banderillas prendidos mediante alarde de sus portentosas facultades, las faenas de muleta builidoras, eran la motivación, pudiéramos decir frívola, que hacía vibrar a los públicos. Pero había en Paquirri un torero mucho más importante, que no siempre dejaba traslucir, cimentado en un sentido profundo de la lidia: un diestro dominador y poderoso.

En varias ediciones de la feria de Sevilla fue un torero arrollador. Allí hizo, frecuentemente, el toreo más puro, y allí quiso superarse incluso en las suertes de banderillas. Fue precisamente en la Maestranza y al ejecutar un par al quiebro, en abril de 1978, cuando sufrió una de las comadas más graves de su vida profesional.

Todas las plazas españolas y americanas han sido escenario de los triunfos de Paquirri, que fueron muy numerosos, pero entre sus faenas más importantes, la afición de Madrid recuerda el valor y la técnica que empleó para dominar un manso querencioso a chiqueros. Allí, como en tantas otras ocasiones, dio Paquirri la medida de su poderío y las potencialidades que atesoraba para ser una figura de época.
Entre esas potencialidades estaban un valor a toda prueba, una enorme confianza en sus facultades, una profesionalidad estricta. Quizá ellas expliquen la tragedia de Pozoblanco, tanto como avalan la gloria que ha alcanzado el torero."
Otro artículo aparecido en El Pais, el 27 de setiembre de 1984, señalaba lo siguiente:
LA TRÁGICA MUERTE DE PAQUIRRI

El torero de Barbate murió poco después de ingresar en el hospital militar de Córdoba

Un toro de Sayalero le rompió la femoral en la plaza de Pozoblanco


"Paquirri murió anoche como consecuencia de una cornada gravísima que sufrió cuando lanceaba al cuarto toro de la corrida de feria de Pozoblanco (Córdoba), celebrada ayer. Trasladado a la enfermería, el doctor Eliseo Morán le hizo una cura de urgencia y dada la extrema gravedad del torero, ordenó su traslado inmediato a la residencia de la seguridad social Princesa Sofía, de Córdoba. Los doctores Ruiz y Fumes, acompañaron al herido en la ambulancia. Ya cerca de Córdoba sufrió un paro cardíaco y decidieron ingresarlo en el hospital militar, por encontrarse más cerca. Allí falleció.

Hacia las 21.30 horas llegó Paquirri, prácticamente agonizante, al centro sanitario, donde los doctores Ruiz Villegas y Villarta, le sometieron a un intenso masaje cardiaco, en el transcurso del cual se produjo la muerte del torero. Certificaron la defunción a las 21.40 horas. El toro que hirió a Paquirri pertenecía a la ganadería de Sayalero y Bandrés; su nombre era Avispado, marcado con el número 9, y pesó 254 kilos en canal. El diestro lo recibió con verónicas mirando al tendido. Cuando lo lanceaba para llevarlo al caballo, el toro se le coló dos veces y en una tercera embestida se le avalanzó, clavándole el pitón izquierdo en el muslo derecho. Eran las 19.20 horas. La cogida fue impresionante. Relata el doctor Morán que vio penetrar profundamente el asta e, intuyendo la gravedad, corrió por el callejón a la enfermería; y que al llegar a ella, se volvió para mirar al ruedo, y aún continuaba Paquirri clavado en el pitón. El torero se desprendió después apoyándose sobre el testuz. Las cuadrillas que lo trasladaron a la enfermería pudieron apreciar que el boquete de la herida era enorme y la hemorragia, abundantísima.

Paquirri llegó conciente y animoso a la enfermería, y le dijo al cirujano: "Tranquilo, que yo he tenido muchas cogidas y sé de qué va esto. Tengo tres trayectorias
Y las describió exactamente como eran. Durante media hora le intervinieron los médicos, y decidieron trasladarlo a la residencia de la seguridad social de Córdoba. En la ambulancia, Paquirri charlaba con los doctores. Ruiz y Funes, pero unos 20 kilómetros antes de llegar a Córdoba empezó a sudar copiosamente, dijo: "Me encuentro muy mal", y sufrió un paro cardíaco, por lo que hubo que detener durante unos minutos la ambulancia. Efectuada la reanimación en el propio vehículo, reemprendieron la marcha. El torero había entrado en período preagónico. Poco después era ingresado en el hospital militar.
"En plenitud, lleno de vida"
El parte facultativo, firmado por el doctor Morán, describía así la cornada: "Herida en el tercio superior del muslo derecho, con tres trayectorias: una ascendente, de 15 centímetros de longitud; otra hacia adentro, de 8 centímetros, y otra inferior, de 4 centímetros. Rotura de vena ilíaca, safena y, femoral. Choque hemorrágico. Pronóstico muy grave".
Los parientes de Paquirri, informa Alfredo Relaño desde Córdoba, avisados desde Pozoblanco a Sevilla, se dirigieron inmediatamente a Córdoba. La esposa del torero, Isabel Pantoja, llegó al hospital militar sobre las 22.30 horas, visiblemente afectada. Para esa hora ya había una gran multitud de gente a la puerta del centro sanitario. Las escenas en el depósito fueron realmente trágicas. El padre de Paquirri sufrió un amago de ataque de histeria, e Isabel Pantoja pasó largo rato clavada de rodillas frente al cuerpo de su marido, repitiendo monótonamente: "En plenitud, lleno de vida". También se encontraban Bernardo, hermano de Isabel Pantoja; el hermano del diestro, Rafael Riverita, también matador de toros, y el popular cantante Chiquetete, primo hermano de la esposa del diestro.
Por voluntad de la propia familia del torero se aceleraron lo más posible los trámites para que el cuerpo fuese trasladado a la capital andaluza. Una vez que el juez hubo dado permiso, una ambulancia, seguida de un cortejo con los coches de los familiares, franqueba las puertas del hospital militar para tomar rumbo a Sevilla. En tomo al edificio se hallaban en ese momento no menos de 2.000 personas, en las que se mezclaron los aplausos con los llantos en una escena de fortísima emotividad".

sábado, septiembre 20, 2014

EL JULIPIE: UN TRUCO BARATO

Imágen del perfecto Volapié ejecutado por Paco Camino, en la Plaza de Acho, con motivo de la Feria del Señor de los Milagros del año 1962.

El juli en soberbio julipie, ante un "gatito encapuchado" en la temporada de Acho 2011

Frente a incontestable evidencia, no queda sino afirmar que el "julian pie" o "julipié", no es más que un "truco barato", un sartenazo de alivio.
Fuente: El RUEDO, semanario gráfico de los toros, Nº 954 del 04 de octubre de 1962.

jueves, septiembre 18, 2014

A LOS TOROS, UNO NO VA A DIVERTIRSE

Joselito el Gallo en Acho

 Antonio Bienvenida


Escribo estas líneas bajo la inspiración e influencia, de alguna forma, de Joaquín Vidal cuando en su crónica de la corrida del día 8 de febrero de 1999 de la feria de Valdemorillo decía: “Aquello de que a los toros hay que ir a divertirse es una falsedad. A los toros hay que ir dispuesto a sufrir; provisto de lupa para comprobar la casta y la fortaleza de las reses, la integridad de sus astas, el discurrir de la lidia, el mérito de los lidiadores, la calidad de los lances, el correcto estado de la cuestión”.

Yo aún con el respeto que me merece el maestro, en lo de ir a sufrir... pues no quiero llegar a tanto, aunque eso sí y como he dicho más arriba una corrida de toros no es una diversión. Pero, paradójicamente, hoy hay muchas corridas divertidas, apoteósicas algunas, diría yo. Y esto no ocurría ni se prodigaba tanto antes cuando las corridas de toros fueron algo grande, serio, tremendo, cuando el arte provocaba una experiencia estética traducida en goce y disfrute sensitivo. Hoy el que se divierte es el público mientras que el aficionado se aburre. El aficionado jamás se ha aburrido en los toros como hasta ahora cuando el tinglado en que se ha convertido la fiesta está dispuesto para que se divierta todo el mundo; el primero el torero. Se le nota cuando después de una tanda de muletazos, en su mayoría vulgares, se aleja de la cara del toro con “sonrisa profidén”, contoneo sensual de caderas, ostentación impúdica de genitales, y andares jacarandosos y sandungueros diciendo: ¡ahí queda eso! Y el público se divierte satisfecho y admirado cuando lo único que ha hecho ha sido alejarse veinte metros del animal, no sé por qué, para tener luego que volver mientras que agazapado en la tronera del burladero el peón de turno le grita: “¡amos a guhtarnos!” .Toreo de ida y vuelta. 
Y de paso el público se divierte. Y se divierte el torero cuando como uno que yo me sé (diría D. Joaquín) entre muletazo y mule- tazo se pone a cantar por no sé qué palo de flamenco. El toreo y el toro hechos diversión y mentira, no emoción ni miedo. Cuando estás delante de un toro bravo, encastado, que te quiere comer no un remedo de toro, te engorda la lengua, no te cabe en la boca, se te reseca la garganta y no la tienes precisamente para hacer gorgoritos ni quebrarse en un “quejío”.

Hoy el toro no presenta ningún problema a resolver y el torero se lleva a las plazas la faena hecha , comentada con apoderado y amigos de confianza y pensada en la siesta previa a la corrida. Algo tan importante como la imprevisión ha desaparecido y así también la gente lleva a las plazas la faena pensada, derechazos y más derechazos, algún que otro natural pocos, desde luego, el consabido de pecho de pitón a pitón, y por supuesto las manoletinas, ¡que no falten! Y con esto este público de aluvión y festivales sale de la plaza con la sensación de haberse divertido una barbaridad aunque de diez festejos, nueve los haya presidido la vulgaridad más absoluta, incluido el gesto del torero de poner la montera boca abajo si en el brindis al respetable ha caído hacia arriba, con el consiguiente ¡oohhh! de frustración y el posterior ¡bieennn! de felicitación.

Y al divertido espectáculo no puede faltar el ganadero. Cuando fabrica el toro, que no es lo mismo que criar, lo hace con la libreta en mano donde aparece la guía de todos los tópicos relativos al comportamiento de la res, tales como “romper hacia adelante en las telas”, “toro enclasado”, “que vuelque la cara en la muleta”, “debe dejarse”, “atemperada embestida”, “colaboración” con el diestro y todo un sinfín de etcéteras que garanticen las diversión. El ganadero debe también, por supuesto, estar para evitar la catástrofe; que al torero se le posibilite llevar a cabo la faena que trae hecha a la plaza; impidiendo que el más mínimo cabeceo del animal le obligue a improvisar porque no sabe y porque al final si no se concitan las circunstancias y elementos anteriores estamos perdidos, público y toreros. Toda la cuestión se ha reducido a una sola: que el toro no frustre la escasa y repetida gama de pases que supone el toreo de nuestros días. 

Pero subyace un problema: a pesar de todo, los toros no salen de chiqueros enseñados a la perfección, pero los toreros sí. Cuando el toreo consistía en resolver artísticamente y con maestría y oficio una serie de problemas, el toreo era muy difícil. Requería un aprendizaje, desde hacer tapias a duras capeas, siempre muy sacrificado. Hoy cualquier chico de escuela taurina se sabe el papel al dedillo, todos torean igual, son todos clones unos de otros y el misterio de la personalidad de cada cual brilla por su ausencia. Y por esto se aburre el aficionado, porque antes hubo un tiempo en que nunca un torero era igual a otro, porque tampoco los toros eran iguales, y cada uno tenía su lidia que unos se la sabían dar y otros no. Y surgía lo imprevisto, saltaba la emoción, las corridas resultaban de un interés apasionante y aún la más tediosa, para el aficionado no lo era porque el buen aficionado no iba ni va a los toros a divertirse, sino a llenarse de emoción, admiración y en ocasiones de angustia. 

Se me ocurre: si el público quiere diversión con toros de por medio ahí tiene, y siempre con el mayor de mis respetos, los espectáculos cómico-taurinos-musicales de los enanitos del Bombero Torero. Reitero mi consideración para con estos profesionales recordando que Manolete se inició en la parte seria del espectáculo cómico-taurino de “Los Califas”. 

El aficionado va a los toros a buscar algo distinto a la diversión. Busca algo más serio y noble. Va a emocionarse en una lucha leal y artística donde torero y toro presentan sus armas en un encuentro dramático donde cabe darse la apoteosis del arte, la exaltación de la estética y la naturalidad como esencia. No; a la corrida de toros cuando se desarrolla con su tremenda magnificencia, cuando hay un momento de verdad en que se arrostra la posibilidad de la muerte la más esencial de las posibilidades del hombre y cuando todas esas conjunciones hay ocasión en que no caben en los estrechos límites de una plaza de toros y hay un triunfador, el torero, que sale por la puerta a hombros ovacionado por las masas, no, a los toros no se puede ir en busca de diversión.

Recogía Federico García Lorca en su conferencia sobre el duende: “Ni en el baile español ni en los toros se divierte nadie; el duende se encarga de hacer sufrir por medio del drama, sobre formas vivas, y prepara las escaleras por una evasión de la realidad que circunda”.

El toreo, en tanto que metáfora de la vida, en palabras de Bergamín, "es seriedad y solo seriedad. "



Paco Ruiz
Miembro de la Asociación El Toro de Madrid 

Fuente: La Voz de la Afición Nº 44, mayo de 2014 . Boletín de la Asociación El Toro de Madrid.  pp.10-11.


             La verdadera emoción SOLO la proporciona el TORO ENCASTADO

 

lunes, septiembre 15, 2014

SOLO HAY UN CAMINO: RECUPERAR LA CASTA


¡¡¡¡TORO, TORO¡¡¡¡


"Un San Isidro más, nuestra Asociación quiere llevar a la palabra escrita sus preocupaciones e inquietudes ante lo que considera la crisis más profunda y determinante que ha vivido nunca la fiesta de los toros. A pesar del pesimismo con el que vemos cómo se pierden a pasos agigantados los valores que constituyen la esencia de la Tauromaquia eterna, no quisiéramos ser tachados de simplemente “derrotistas antisistema” "catastrofistas" y demás epítetos negativos que tan sólo persiguen desprestigiar y quitar peso y resonancia a nuestras denuncias y opiniones libremente manifestadas. Por eso queremos en estas líneas hacer un breve análisis de lo que para nosotros representa lo más llamativo, bueno o malo, de esta temporada. Estamos viviendo tiempos nuevos, nuevas realidades para las que se están buscando, a veces apresuradamente, soluciones que acaben con el verdadero problema que según los taurinos tiene este espectáculo: recuperar clientes, volver a ver los tendidos llenos a rebosar sin importar nada más, no nos engañemos. Con ser este uno de sus males mayores no es el primero, sino más bien la consecuencia del verdadero cáncer de la fiesta que a nuestro juicio es el desfasamiento de la ganadería brava y la falta de torería y verdadera afición de los que se dicen figuras del toreo.


Esta afirmación, no por muy repetida menos verdad, no parece hacer mella entre los profesionales que solo siguen buscando sus intereses corporativos sin escuchar a los aficionados; mejor dicho, se consideran sus víctimas y haciendo oídos sordos se han dedicado a buscar culpables en el gran saco de los reproches y justificaciones que llenan las páginas de medios especializados: la crisis, la falta de interés de los jóvenes, la política, otros ocios etc. que con ser ciertos y añadir leña al fuego, nos parecen secundarios y menos decisivos si los comparamos con el origen de todos los males y causa principal ya mencionada. Bien, y ¿qué hacer? Esta temporada estamos viviendo novedades de todo tipo. La administración y las instituciones públicas “han echado una mano” por  medio de leyes de protección y Pentauros, todavía de muy dudosa eficacia, numeritos de márketing de las figuras algunos más bien patéticos, plante de “los 5 grandes” a la empresa de Sevilla que se han convertido en fracasos sonoros de todos, fiascos en los mano a mano del domingo de Resurrección en Málaga y Sevilla anunciados a bombo y platillo con el marchamo de recuerdos añejos, ¡con aires Joselito y Belmonte nada menos¡. Novedades imaginativas en las taquillas venteñas para atraer al personal en las primeras novilladas de Madrid...

Todo vale en momentos de incertidumbres con tal de dar aire al difunto y que la fiesta y el negocio no decaigan. Hay que reconocer que Taurodelta se ha marcado un punto con la eliminación de la llamada feria del Arte y la Cultura, parche infumable, habiendo alargado el ciclo isidril y pudiéndose descartar del mismo un número de festejos a voluntad. Aun así nos sigue pareciendo que se debía procurar que el resto de la temporada estival sea más atractivo; a veces tenemos la impresión de que la empresa cumple el pliego pero sin importarle demasiado que Las Ventas vayan languideciendo como plaza de temporada con la justificación del escaso público que acude en verano. Con carteles más rematados esto no pasaría. Así no se defiende al espectáculo ni a la afición. Y para colmo la Beneficencia firmada desde el mes de febrero, ¿así se premia a los triunfadores de San Isidro? Eso era en otros tiempos, cuando Madrid sí era de verdad determinante; por desgracia ese plus cualitativo de Las Ventas está languideciendo, digan lo que digan. Además, asistimos a las mayores loas por parte de los taurinos de los que según ellos y la mayoría de la crítica sanciona, son “los mejores carteles de la Historia” de Madrid; en su afán por atraer públicos y vender entradas, se ha hecho una verdadera campaña a favor de esta feria frente al desastre que a priori puede ser Sevilla. Madrid salvará la fiesta, es el último baluarte, la primera plaza del mundo... y no sé cuántas expresiones tremendistas y triunfalistas para vendernos los merecimientos a la continuidad de la empresa un año más por gracia y justicia de la Comunidad ¿había hecho méritos suficientes en años anteriores? y sobre todo una feria basada en la presencia de los Cinco del Plante, pues no les queda más remedio, viniendo una tarde y en carteles muy apropiados, con sus toritos en el bolsillo de acuerdo con los gustos de sus señorías. Pero en la que no están corridas del encaste de Santa Coloma, Dolores Aguirre, Moreno Silva... y sobran ganaderías que vienen siendo un fracaso ganadero año a año por su considerable falta de casta. Menos mal que ha vuelto Miura. 

Nuestra Asociación que tiene como objetivo principal defender la verdad de la fiesta y mantener el prestigio del arte sublime en los ruedos, no puede silenciar su preocupación por la falta de participación que los aficionados tenemos en organismos, comisiones y estamentos encaminados a defender nuestros inte- reses que no son otros que velar por la casta del toro y luchar contra el fraude del espectáculo. Los aficionados que sostenemos con nuestro dinero este espectáculo estorbamos, como hemos podido comprobar en el llamado Pentauro aprobado el pasado 18 de diciembre (....); pero nuestra voz y nuestras denuncias seguirán oyéndose en las plazas y en cuantos foros nos permitan hacerlo. Nos jugamos mucho y la solución no está en las nuevas modas y modos que prostituyen la esencia de la Tauromaquia a las que ahora parecen apuntarse muchos; ni en “descafeinar“ y quitar riesgo y emoción al toreo en aras de llevarlo “al gran público“. Se está demostrando que así no sólo no se atrae a nuevos espectadores sino que abandonan decepcionados los verdaderos aficionados.

Hace cien años un 2 de mayo en Madrid, torearon juntos José y Juan. Figuras cumbre de la Tauromaquia; y no es que queramos caer en el aforismo de que siempre el tiempo pasado fue mejor y creamos a ciegas que la leyenda se agiganta con el tiempo... pero no cabe duda de que en las lecciones y vivencias que nos legaron están las únicas soluciones para salvar la fiesta. Todo está inventado, imaginación para nuevos retos, sí; pero cuidado, la verdadera revolución está en la revelación del toreo que nos dejaron los verdaderos maestros. Eso sí, siempre que el toreo se haga ante un toro de verdad que despierte la emoción en los tendidos y no ante esos animalitos que da pena ver salir rengueantes por chiqueros. Ese es el único camino, el que marca un futuro esperanzador de la fiesta."

"¡Qué Dios reparta suerte!"


Fuente: La Voz de la Afición Nº 44, mayo de 2014 . Boletín de la Asociación El Toro de Madrid  

miércoles, septiembre 10, 2014

EL AFICIONADO ES UN BENDITO

"El aficionado puro, ese camina quedo, para, mira, calla. El aficionado puro parece que mira, pero en realidad no ve. La ilusión de la corrida ocupa su pensamiento y sueña toros bravos, lidiadores expertos, artistas de la tauromaquia. El aficionado puro, lo primero que le interesa del cartel es la ganadería y la hora de comienzo de la corrida. Los espadas, con ser muy importantes, constituyen un factor secundario en sus motivaciones, pues, toree quien toree, acudirá al festejo en cualquier caso. No suele alentar partidismos y lo mismo elogia hasta la excelsitud la actuación de un torero una tarde, que destruye analíticamente la siguiente. Algunos aficionados, cuando se les pregunta cuál es su toreo favorito, se sienten ofendidos por la duda y responden severamente: -Yo no soy de nadie; sólo del que lo hace.Su exigencia es que salga el toro íntegro; que la lidia se ajuste a las reglas; que la presidencia cumpla y haga cumplir el reglamento. Si además hay toreo bueno, ésa ya será la felicidad. El aficionado puro vive la corrida desde sus prolegómenos, se fija en todo cuando sucede en el ruedo y en el callejón; observa, estudia, analiza, correlaciona; posee un sentido de la justicia estricto y su primer objetivo de defensa es la fiesta misma. El aficionado puro es beligerante con todo cuanto atente contra la autenticidad del espectáculo, con aquello que lo desnaturalice. Pero no es intrasigente a ultranza, pues, en sentido contrario, cuando hay toro íntegro, lidia verdadera, mérito del lidiador, se hace de miel. El aficionado puro, en realidad, es un bendito de Dios".
Fuente: El Toreo es Grandeza. Joaquín Vidal Vizcarro. Ediciones Turner. Madrid, 1987. Pp 55-64.

lunes, septiembre 08, 2014

Hace 50 años de la "primavera en el otoño de Antonio Bienvenida"

Ayudado por bajo de Antonio Bienvenida a uno de Cembrano el 05/09/1964 en San Sebastián de los Reyes
La tarde histórica de San Sebastián de los Reyes
Con este titulo encabezó su crónica en ABC Díaz Cañabate al reseñar la corrida celebra la tarde anterior en San Sebastián de los Reyes, una crónica que cerró con una frase que es casi un epitafio: "El arte cuando es puro es eterno". Que fue algo del todo excepcional lo acreditan las palabras del Papa Negro, cuando al felicitar a su hijo Antonio le reconoció que "he visto torear como yo soñaba el toreo". Cañabate se niega a pormenorizar lo ocurrido aquel 5 de septiembre de 1964, porque aquella faena no fue una sucesión de muletazos, sino que nació "tan pronto un natural, como uno en redondo, como un ayudado por bajo, como uno de pecho, como uno por alto. Todos ellos unidos, ensamblados, arraigados en una unidad, en un conjunto, formando un ramillete, formando un manojo de belleza".

"Ya puedo morir tranquilo, porque he visto torear como yo soñaba el toreo", le comentó el Papa Negro  su hijo Antonio, cuando volvió al callejón después de la lidia de “Parlador”, del hierro de “Cerralto”. Era el 5 de septiembre de 1964. El escenario, San Sebastián de los Reyes. Y en efecto, aquello fue como una nueva primavera en el toreo.

Precisamente por ahí iba el título que Antonio Díaz-Cañabate escribió para su crónica en ABC: “Primavera en el otoño de Antonio Bienvenida”. Se lidiaba aquel 5 de septiembre una corrida de los hermanos Cembrano, con el hierro de Cerroalto, en la que adquirió el grado de matador de toros el venezolano Ramón Montero “Maravilla”, siendo testigo Victoriano Valencia, entrado a última hora por cogida de “El Viti”. Tras un preámbulo extremadamente critico con lo que habitualmente ve en los ruedos: “Me desespero. Me aburro –escribe—en medio de ovaciones sin cuenta. Me abruman cuánta oreja, cuánto rabo, y qué poco toreo.( ….) Esto no es torear. Torear es la faena de  muleta realizada por Antonio Bienvenida al cuarto toro”.

El relato que el cronista no deja lugar a dudas. Comienza situándonos en el contexto de los hechos: “Antonio Bienvenida se encuentra en el otoño de su vida de torero. Pasó la primavera novilleril. El verano, plenitud de matador de toros, pasó. Se anuncia el otoño. Antonio Bienvenida entra en él sin la fatiga ni los calores estivales, y los ardores primaverales. Entra ligero de cuerpo y de espíritu. Terribles tormentas le cercan, pero no le contaminan. Fuegos de artificio deslumbran ojos incautos, pero deja a los suyos intactos. Ojos que han visto el toreo. Ojos que conocen el toreo. Y sigue su camino otoñal. ¿De cara al invierno? No. De cara a la primavera. Antonio Bienvenida sabe que en el otoño cabe la primavera, que en el otoño también florecen las rosas. Y Antonio Bienvenida ha realizado una faena de muleta de primavera en el otoño”.
“¿Como fue?”, se autopregunta de seguido el cronista. Su respuesta no deja espacio para la duda: “No me pidáis descripciones imposibles. Fue un florecimiento, no de unas rosas, sino de un pensil. Se abrían los capullos de los pases. Se abrían como si la muleta fuera una varita mágica. Que alumbraba tan pronto un natural, como uno en redondo, como un ayudado por bajo, como uno de pecho, como uno por alto. Todos ellos unidos, ensamblados, arraigados en una unidad, en un conjunto, formando un ramillete, formando un manojo de belleza, la belleza del ritmo que acompaña, de la serenidad que entona, de la elegancia que engrandece, del temple que suaviza, de la majestad que sublima y de la gracia que embelesa. ¡Torear! ¡Dios mío, torear! Lo que uno no ve nunca. Primavera en otoño. Primavera del arte en el otoño de la vida”.
Más adelante escribe Cañabate: “Mató de media delantera y le concedieron las orejas y el rabo. Yo que Antonio Bienvenida, con toda humildad. Pero también con todo orgullo, hubiera rechazado tales recompensas, buenas para lo falso, mezquinas para la verdad. No se puede pagar igual el oro que el plomo. Aunque a veces el plomo valga más que el oro”.
Le quedaba al maestro la conclusión de su crónica. Le bastaron dos líneas de periódico, nada más. “Antonio Bienvenida: En ti se confirma la regla. El arte cuando es puro es eterno”.
Y es que acababa de ver la que el propio toreo consideró siempre la mejor faena de su vida, la plasmación perfecta del concepto del toreo que le inculcó su padre, Manuel Mejías “Bienvenida”. Lo cuenta muy bien Vicente Zabala en su libro “Hablan los viejos colosos del toreo”, un trabajo periodístico y literario que leído con el paso de los años recobra nuevos valores. De aquellas conversaciones, extrajo una gran verdad: “Antonio no entendía el toreo de otra forma que no fuera como arte. Se lo habían inculcado desde niño”. 

sábado, septiembre 06, 2014

RAFAEL GÓMEZ ORTEGA: "EL GALLO" CAPÍTULO X

Rafael "El Gallo": 
Alternativa en Sevilla  y confirmación en Madrid
Fuente: Semanario gráfico del los toros El Ruedo. Madrid, 15 de Agosto de 1944. Año I, Nº 10

jueves, septiembre 04, 2014

"ENTRE ESOS TIPOS Y YO HAY ALGO PERSONAL"

"Antes toros de astas finas y ahora tan solo becerros mandados por bailarinas sin coraje de toreros"
Como cantaba Serrat, probablemente se les recordará... o quizá debería decir que con toda seguridad se les recordará, por ser los enterradores, los matarifes de la gallina de los huevos de oro, los aniquiladores de una ilusión, de una afición que a quién la tiene, se le mete hasta el tuétano de su vida. ¿Y quienes son estos señores que serán recordados?
Pues esa panda de taurinos que no dan puntada sin hilo, que están desforestando de aficionados la fiesta de los toros, con el único objetivo de llenar rápidamente sus bolsillos. Ojalá quisieran hacerse millonarios a costa de los toros, que no es lo mismo que pegar un pelotazo a costa de estos. Esta gente quiere pegar el pelotazo. Dirán que no hay mucha diferencia entre enriquecerse y dejar esto como un solar. Pues yo sí que la veo, en el primer caso sería necesaria una estructura que perdurara en el tiempo y que mantuviera unos niveles de acumulación de poder y dineros sostenible. En lo otro, lo del bombazo, les importa un rábano lo que venga detrás, como la realidad demuestra tozudamente cada día, cada feria y en especial cada tarde de toros en la que precisamente eso, el toro, sigue ausente de los ruedos.
Quizá piensen que mi dedo señala únicamente a los señores empresarios, pero noooo, que no tengan pena el resto de taurinos, que tanto aquellos que rebañan hasta el último céntimo, incluso no atendiendo a sus obligaciones de pago, sino que también son culpables los que se venden por un café, por una pasadita de mano por el lomo, por una invitación a una tienta o una capea, convirtiéndolos además en “aficionados prácticos”, lo que les da el derecho a opinar, apoyando sus comparecencias en la experiencia de haberse puesto. ¿No saben na! Los unos y los otros saben lo que se hacen. Cogemos una voz autorizada, le llenamos la tripa, le soltamos eso de “¡Bieeeeen torero!” y tenemos de nuestro lado a un buche agradecido por los siglos de los siglos. Cada uno a lo suyo, unos usan la palabra como una guadaña, dispuestos a cortar sin miramientos en el vergel de la historia, pisoteando el nombre de los maestros que engrandecieron la Fiesta, con el único fin de ensalzar la vulgaridad de los mediocres de los que esperan sus regalías. Lo mismo nos cuentan la perfección de la tauromaquia de un pegapases, como la fina elegancia de un fracaso de un señor al que se empeñaron en convertir en figura. ¿Cabe mayor ruindad? ¿Cabe mayor indignidad servidumbre y servidumbre? Pero claro, estos vicios de señorito hay que pagarlos y por lo que se ve, con creces. Es necesario comprometer la honra no solo de querer ser buen aficionado, también hay que embadurnar la buena fama como persona. Y luego exigen respeto. Lo siento, pero entre esos tipos y yo hay algo personal.
Tienen un perfecto reparto de papeles, unos son los que ordenan y mandan sin mancharse las manos, si acaso, después de una catástrofe, como puede ser una feria decepcionante, presentan sus excusas ante un vocero afín, doliéndose como los mansos al castigo, con la certeza de que su interlocutor no les pondrá en apuros, no tendrá valor para plantearle eso de que “con estos mimbres...” Lo que todo el mundo atisbaba a lo lejos, ellos se dan cuenta a toro pasado, como los malos toreros, pero que repetirán de nuevo al año siguiente, así feria tras feria, ¿por qué? Porque esto de los toros no les importa absolutamente nada. Ellos siguen a lo suyo. Si se necesita ayuda, ahí estarán los generales de campo que sacarán la cara entre la queja, esa amarga incomprensión con que los más amargados les azotan en sus tardes claveleras. Pedirán calma, respeto, comprensión y la idolatría que creen merecer y que no reciben con la unanimidad que marcan las buenas formas de la cortesía taurina. No les valen esos aplaudidores entregados que entre bocado y bocado de la merienda aún tienen manos para aclamar a los maestros contorsionistas y tramposos, que lo mismo se te fuman un puro, que se comen unas gachas con los dedos. Es que ellos son así de campechanos, divinidades taurinas, pero campechanos, eso que no falte.
Pero como se trata de llegar a todos los rincones del orbe taurino, lo mismo en los tendidos, que en las redes sociales, que en las tascas de mala muerte, están los infantes, los que se revuelcan en el barro, los que no son ni tan siquiera merecedores ni de una invitación, o los que si acaso torean una tarde al año, porque el que interesa se ha ausentado. Unos te vociferan y te amenazan, pero al primer doblón buscan las tablas, huyendo con desaire y soltando coces al aire. Los otros se limitan a repetir consignas escuchadas a los gurús del fraude, pero sin caer en la cuenta de que estos les ocultaron el final del cuento, que es donde se descubre toda la trampa, el intríngulis de todo esto que llamamos torear. ¿Creen que se puede hacer migas con estos señores? ¿Creen que uno se puede fiar de sus buenas maneras? Igual es algo visceral y poco explicable, pero... Entre esos tipos y yo hay algo personal.



Fuente:

martes, septiembre 02, 2014

SE CAE EL "TORO", SE CAE LA FIESTA.

Fotografía Salvador Giménez
                             ¡¡¡¡Fandi Mediocre¡¡¡¡ se escuchaba en los tendidos de Acho el 2013. 
Dios quiera que este saltimbanqui, carteristas (dícese de los que roban la cartera y se echan a correr), no vuelva nunca más al Perú.

domingo, agosto 31, 2014

RAFAEL GÓMEZ ORTEGA: "EL GALLO" CAPÍTULO IX

LOS CUARENTA Y CINCO AÑOS DE VIDA TORERA DE RAFAEL "EL GALLO" 
RECUERDO DE JOSELITO Y JUICIO SOBRE MANOLETE
Fuente: Semanario gráfico del los toros El Ruedo. Madrid, 08 de Agosto de 1944. Año I, Nº 09

viernes, agosto 29, 2014

CUATRO CAPOTES MÁGICOS


Homenajeando al Maestro
Antonio Ordóñez, Curro Romero, Rafael de Paula y Antoñete.
Me los robaron para venderlos por veinte mil duros.
Alfonso Navalón
Nunca he sido partidario de convertir mi casa en un museo taurino. Cuando me hice ganadero tenia en la finca unos cencerros que resumían la historia de las divisas más destacadas, colocados en lo alto de una estantería tenia los cencerros de Miura, Pablo Romero, Conde de la Corte, Urquijo y Graciliano Pérez Tabernero, más el de Manuel Arranz como fundador de mi ganadería.
Los toreros me ofrecieron muchas cosas (aparte de millones por ponerlos bien), pero ese mundillo me atraía muy poco y no quise llenar mi casa con vitrinas de trajes de luces de tardes de gloria. Sencillamente porque muy pocas veces la categoría artística no tiene nada que ver con la presencia humana de muchos ídolos de multitudes que en traje de paisano son como para echarse a correr.
Mi historia de hoy se resume en cuatro capotes que pasaron a la historia del toreo con letras de oro... Uno era el de la reaparición de Antonio Ordóñez en Málaga, cuando ya no era ni la sombra de lo que fue antes de los años sesenta. Me lo ofreció delante de todos sus acérrimos partidarios que se llevaron un gran disgusto, considerando que los hacia de menos regalándoselo a un crítico provinciano recién llegado al mundillo taurino. Son los mismos que se escandalizaron cuando en el Hotel Astoria de Valencia me dijo Ordóñez en las fallas de 1963, cuando sólo había publicado cuatro crónicas en "El Ruedo": "tú serás la nueva grán figura de los críticos". Estaban delante José Maria Jardón, Pedro Balaña, Diodoro Canorea y el viejo Pablo Chopera con Barceló empresario de Benidorm Alicante. El viejo Chopera cortó a Ordóñez "me parece que te estas pasando. Navalón sabe mucho pero tiene todavía más peligro. No nos conviene".
El otro capote era de Curro Romero en una tarde gloriosa de feria de Sevilla en la Maestranza donde al cabo de muchos años confesó que fue el día que mejor había toreado de capa en toda su vida. Cómo seria que le tocaron la música. Habíamos tenido un disgustillo por una mala interpretación de su mujer Conchita Márquez Piquer y Curro para congraciarse me regalo aquel capote histórico.
El otro pertenecía a Rafael de Paula y con el, ejecutó aquel quite por verónicas en un toro de Julio robles, el año que se presentó a confirmar su alternativa en Madrid, después de trece años rodando por las plazas de Andalucia sin alcanzar más gloria que los cantes de los flamencos. Aquella noche lo fuimos a ver al Hotel Wellington con toda la plana mayor de los ejecutivos de Rumasa, que me habian contratado para dar ocho conferencias en Andalucia. Eran adoradores incondicionales del gitanito rubio, con Ruiz Mateos al frente en pleno poderío social y económico antes de que el actual marido de Isabel Preysler arremetiera con la expropiación. Aquella corte iba a llevarnos a cenar al restoran más caro de Madrid y se quedaron de piedra cuando le dije a Rafael que habia sido una pena dar unos lances tan bonitos cambiando tanto el terreno en vez de ligarlos seguidos como lo había visto otras veces. Cuando trataban de increparme por mi osadía, Paula los aparco "Tiene toa la razón el de Salamanca. Otras veces he toreado mucho mejor con el capote. Lo que pasa es que en Madrid no me habian visto y le ha parecido mucho más de lo que ha sido".
El capote de Antoñete era el de la famosa media verónica que repitieron tantas veces en Televisión, y tampoco se le hizo justicia porque otras mucho mas perfectas y mas lentas. Pero fue una tarde de gloria y la gente estaba loca con el viejo del mechón. Antonio tenia entregada la plaza y cuando remato la media, los tendidos se pusieron en pie con una ovación delirante.
Luego tuve más capotes. Cada vez que los toreros venían a torear a mi casa me dejaban un capote y una muleta. Tuve capotes de Capea, Manzanares, Roberto Domínguez, El Yiyo, Julio Robles y dos muletas de Andrés Vázquez. Me quede con la gana de conservar algo de Rafael Ortega que ha sido el que mejor he visto torear en toda mi vida y con algún recuerdo de Manolo Vázquez que cuajo una vaca mía magistralmente. Pero no hubo ocasión. De todos estos capotes el que mas use toreando fue el de Antonio Ordóñez, pero tuve que acomodarlo a mis medidas porque era como una manta. Fue Tito el mozo de espadas de Andrés Vázquez quien le cortó más de una cuarta de los bajos para poderlo manejar a mi antojo. Ahora que recuerdo toreé muchos festivales con un capote de Antonio Bienvenida que no tenía ninguna historia especial. Simplemente me lo regalo al terminar un tentadero en Huelva en la plaza de Tomás Prieto de la Cal. Una plaza que tenia un dolmen debajo del palco de invitados y donde nos tomo el pelo Miguel Litri que se quedó asando sardinas mientras nosotros pasábamos las de Caín con aquellas vacas jaboneras que se colaban por donde menos esperábamos. En uno de los atragantones de la lidia, Bienvenida me comentaba desesperado:" Con estas vacas se me ha olvidado torear ¡Ninguna va por donde la mando!Cuando acabó el tentadero el Litri viejo se reía de nosotros "Ahora os enterareis porque me quede asando sardinas"…
Desaparecieron
Cuando mi separación, mi difunta esposa se quedó con todo y los tres hijos se vinieron conmigo, por todo lo cual el juez me condenó por "abandono de familia" ¿Quién entiende eso si los hijos se vinieron conmigo? El caso es que la pobre señora sentía un apego especial por lo ajeno y aparte de muebles antiguos y obras de arte por valor de cincuenta millones, se quedó también con los capotes históricos, vendiéndolos por cien mil pesetas, cantidad ridícula porque todos estaban dedicados y firmados por aquellas grandes figuras. Un abogado de Madrid, amigo mío me contaba que el año siguiente pago un anticuario doscientas mil pesetas por el de Curro Romero.
Como estaba escrito que no conservaría nada de mi historia de crítico y torero aficionado, un dia vino un torero a uno de los últimos tentaderos y al dia siguiente recordé que habia dejado los trastes de torear y los zahones en un burladero, habian desaparecido porque alguno de mis invitados tuvo el acuerdo de virlármelos. Le tenia especial cariño a los zahones, hechos con todo el capricho por el maestro guarnicionero de Puebla del Río (el mismo que trabaja para los Peralta). Tenia grabados en los bordes el hierro de las ganaderías de los amigos y encima de la bragueta el mío con una leyenda que decía "Escribir y Torear". También me robaron unas polainas repujadas que eran un primor de artesanía, a juego con unos botines de piel de becerro con la puntera puenteada en relieve.
Ahora, como hace dos años que no toreo, ya no me hacen falta pero me queda la tristeza de haber perdido aquellas joyas del arte de torear.